Jennifer Vance creció en el corazón del Medio Oeste estadounidense durante la década de 1980, un tiempo y un lugar donde la uniformidad era la regla y la diferencia, una anomalía. Desde niña, Jenny no encajaba en la partitura social que le habían escrito. Mientras las otras niñas soñaban con bailes de graduación y novios universitarios, ella encontraba consuelo en la biblioteca y, más tarde, en el teatro local, atraída irresistiblemente por la intensidad de las historias, la